Arnaldo Otegi, Joxe Mari Olarra
Vamos a situar a Euskal Herria en el centro político
Estamos en pleno verano y un año más la actualidad del conflicto que enfrenta a Euskal Herria con el estado español y el francés es el eje central de la actualidad política y mediática. Los datos parecen a primera vista repetición de situaciones pasadas. Pero si sabemos analizar los datos con frialdad, veremos que esta película nada tiene de moviola. El proceso de autoafirmación como pueblo y como sujeto de soberanía ha adquirido tal dimensión que ya no es posible plantear una componenda autonómica como seudo solución para desactivar el proceso y como complemento tan necesario para que la negación de los estados español y francés pueda resultar eficaz y legítima.
Ya no sirve el caramelo autonomista para hacer frente a la dinámica social y política que está articulando en la práctica Euskal Herria como sujeto político real y operativo. Euskal Herria plantea ya sin complejos sus derechos políticos, su soberanía no supeditada al permiso de ningún poder extranjero ni mediatizada por la imposición de leyes o mugas extrañas. La palabra de Euskal Herria se expresa día a día exigiendo el respeto, desde ya, a su soberanía, a su territorialidad, como condición necesaria para que se declare realmente la paz.
En este camino conviene recordar que desde EH no le hemos hecho ascos a ninguna posibilidad, ni tan siquiera a la de conformar un pacto en las instituciones de Gasteiz que pudiera hacer posible contar con todas las herramientas posibles para impulsar la construcción de un nuevo marco político respetuoso con los derechos de Euskal Herria y su territorialidad.
La ruptura de este acuerdo, su utilización como instrumento de presión partidista contra EH, fue responsabilidad exclusiva de Ibarretxe y su partido. A pesar de ello, EH volvió a definir una propuesta de tránsito acordado hacia otro marco que, respetuoso con la historia reciente del PNV, permitiese situar los instrumentos del actual marco como activo en la construcción de uno nuevo. Este nuevo intento no ha tenido mejor suerte. El PNV continúa utilizando los niveles de acuerdo y colaboración conseguidos como arma arrojadiza. Mantiene Udalbiltza en una situación de impasse que le permita utilizarla como altavoz de su discurso. Y todo ello porque en su apuesta lo fundamental sigue siendo mantener su estatus en el marco actual. Porque, frente a la ofensiva total del españolismo, prefiere esconder la cabeza y seguir predicando diálogo como receta mágica aunque no existan las mínimas condiciones para ello. Y además, no duda en negar los contenidos básicos de Lizarra-Garazi para dotar de protagonismo el discurso de Ibarretxe.
Hemos insistido una y otra vez en la necesidad de definir el proceso y de «obligar» a PNV y EA a que hagan lo propio. El PNV sigue jugando a la ambigüedad calculada, al discurso retórico por un nuevo marco pero con una práctica totalmente anclada y supeditada al marco actual. Pero ya no sirve la mera retórica. Ha llegado, para todos los partidos y agentes sociales que planteamos la necesidad de un nuevo marco político para el conjunto de Euskal Herria la hora de pasar de las palabras a los hechos. Se ha agotado el rédito político de la retórica calculada.
Se ha agotado toda estrategia que no parta de una perspectiva y de una dinámica nacional, que pretenda desactivar la trampa de la partición jugando en el terreno que ésta impone y con las cartas marcadas y previamente impuestas. Esa falta de visión nacional que lleva a plantear la articulación de Euskal Herria desde «los tres marcos institucionales ya existentes», como si la confederación de territorios fuera una posibilidad realmente abierta. Esa misma visión que quiere condenar la lucha abertzale en Nafarroa, en Lapurdi, en Araba o Zuberoa a las condiciones más ventajosas para los estados español y francés, aquellas que parten de tener sólo en cuenta las posibilidades de cada marco concreto. Esa misma visión que puede convertir la reivindicación del Departamento, haciendo de ella un asunto exclusivo de los vascos de Lapurdi, Nafarroa Beherea y Zuberoa, y como consecuencia del no francés permanente, en señuelo para desactivar las posibilidades reales de una estrategia nacional.
Se han agotado todas las visiones y estrategias que no hacen de la apuesta por articular en la práctica el marco nacional vasco su centro y su motor. Y, por tanto, más aún, se ha agotado la posibilidad de jugar a doble baraja. Si el PNV pretende seguir gobernando ¿cómo lo hará si los españolistas han decidido recuperar lo que es suyo y convertirse en abanderados del estatuto y en alternativa de poder en Vitoria? Ante el rechazo a nuestra propuesta de transición no es posible que el PNV crea viable contar con la representación político institucional de EH como baza para afianzar el marco actual, como anclaje para que todo siga igual que estos 25 últimos años. ¿Que el PNV pretende seguir en la indefinición? Pues vamos a hacer que se defina definitivamente.
Se ha acabado contar con EH como soporte necesario para momentos delicados. No vamos a permitir la falsa disyuntiva que plantea la defensa de la mayoría nacionalista-abertzale en Gasteiz como mal menor, como única vía de escape posible ante lo peor que estaría por venir de la mano del pacto PP-PSOE en Gasteiz. No vamos a aceptar ningún falso fatalismo que pretenda convertir los mínimos de Lizarra-Garazi y la articulación práctica de Euskal Herria como sujeto político y social en un sueño imposible de alcanzar porque en Madrid y París «no nos dejan».
EH apuesta con sinceridad por una dinámica en la que realmente la configuración de Euskal Herria como marco propio de decisión sea el eje político de nuestra práctica diaria. Hemos puesto nuestro reloj en marcha y se han acabado los tiempos de espera. Nos aplicamos el cuento de que es hora de pasar de las palabras a los hechos. Y por eso Vitoria-Gasteiz va a dejar de ser escenario político del proceso abierto. Desde EH vamos a romper amarras con lo viejo para invertir de verdad en una apuesta de futuro, la apuesta por abrir un camino que desactive la partición y haga frente a la negación sistemática de Euskal Herria como sujeto soberano de decisión. Vamos a situar por tanto en el centro político la construcción y el reconocimiento de Euskal Herria como sujeto de decisión colectivo. Y vamos a convertir en eje del proceso aquello que el PNV quiere mantener como mero accesorio decorativo: el ejercicio práctico de la soberanía vasca desde y para el conjunto de ciudadanos y ciudadanas vascas.
No va a ser un camino fácil. Si el PNV persiste en continuar preso de su propias hipotecas, intentando echar balones fuera y confiando en poder pasarnos factura en términos electorales, las consecuencias pueden pasar por un españolismo crecido y reactivado a corto plazo. Es un escenario que produce vértigo en muchos sectores abertzales que identifican esa hipótesis con una regresión general en todos los ámbitos.
Pero al mismo tiempo quien pretenda mantener el estatus quo actual como única arma de futuro podrá comprobar hasta dónde llega la ofensiva española, hasta donde es el andamiaje autonómico y la partición que asegura garantía para desactivar un proyecto independentista para Euskal Herria. Tal vez sea la receta necesaria para quienes miran el actual marco como tabla de salvación en función de las subvenciones que reparte. Ayudaremos así al PNV a mirar de verdad el conjunto de Euskal Herria y acercarse a la realidad.
Tal vez el PNV vuelva a confiar todo su bagaje político en un posible pacto con el PSOE. Toda la responsabilidad de esa apuesta y la de sus consecuencias es exclusivamente suya. Ya lo hizo en el 86. Pero si se activa el PP y toma la iniciativa, y Aznar lo ha anunciado ya con toda claridad, el PSOE deberá seguir el juego, quiera que no, y por tanto será muy dificil que el PNV pueda seguir jugando esa carta como tabla de salvación. Se equivoca quien piensa que EH ve en esta coyuntura una oportunidad de «hacer la pinza» sobre el PNV. No vamos a regalarle nada a nadie. Nadie, mucho menos el españolismo, tiene el campo libre. Porque vamos a seguir ejercitando todo nuestro poder institucional, político, social y movilizador para hacer frente a toda agresión hispano francesa. EH y el conjunto de la izquierda abertzale tiene la capacidad de enfrentar esta complicada coyuntura para convertirla en oportunidad de avanzar, en desactivación prática del señuelo autonomista. Y tenemos la llave para poder condicionar todas las demás estrategias. Simplemente no estamos dispuestos a disfrazar de retórica abertzale un viaje que empieza y termina en Gasteiz, un viaje que no hace sino refrendar el poder de veto del unionismo y su aparato coercitivo contra la democracia en Euskal Herria.
Todos estos argumentos son básicos para la reflexión y concreción de línea política que EH debe realizar en las próximas semanas, tanto si se produce ese por unos tan ansiado y por otros tantas veces desmentido adelanto electoral como si no. Nuestro recorrido está claro. El reloj de EH está en marcha y automáticamente el reloj del PNV se ha puesto en marcha. Sigue vigente la propuesta de una transición acordada que permita acelerar y facilitar el proceso. Pero queda meridianamente claro que no es viable pretender prolongar el actual impasse y que, definitivamente, con EH nadie va a poder contar para afianzar este marco como base democrática de partida ni como realidad intocable hasta que su majestad o monsieur le president den su permiso. Gasteiz es la piedra angular del sistema de partición-negación impuesto a Euskal Herria y su única oportunidad de reorientación es la de realizar una apuesta inequívoca por invertir todas las herramientas disponibles en la transición hacia la construcción de un nuevo marco, realmente democrático para toda Euskal Herria.
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